Un viaje hacia tres excéntricas mentes: la literatura de Poe, Sade y Wilde

     Los grandes genios literarios siempre tienen algo en común: su trascendencia. Resulta complicado asegurar qué exactamente  garantiza que un escritor se inmortalice. Sin embargo, podemos establecer una correlación entre varios autores que lo lograron y (sin pretensiones mayores), determinar algún patrón que nos ayude a identificar la fuente de su genialidad o al menos, aquello que los separa de otros escritores que han sido olvidados.

 

     Analizando la vida de cada uno podemos encontrar el primer paso que los llevó a su perpetuidad: el rechazo. Si algo se ha comprobado en el mundo artístico, es que éste es el motivador principal que estimula a los creadores a superarse; provoca una rebeldía contra los esquemas tradicionales, violación de las normas establecidas,  ruptura de los paradigmas que demuestran la necesidad perenne de innovar, eventualmente lográndolo por encima de todas las expectativas. Pero este impulso no es algo que comienza en el autor luego de tomar una pluma, si no mucho antes; una cosmovisión no se construye a través de un catalejo. Los individuos, sus convicciones, ideas, y carácter se construyen con el paso del tiempo desde que llegan a la tierra hasta que mueren, lo cual se refleja en su literatura, siendo simplemente una extensión de su existencia transferida al papel. Este trío de autores, no escribieron lo mismo, ni pensaron igual; tampoco compartieron las mismas opiniones ni produjeron obras similares. Lo que los ata fue su perseverancia manifestada a través del afán por ser tomados en cuenta, revolucionar la literatura y sacudir el exquisito mundo del arte con propuestas que, inevitablemente estuvieron fuera de su tiempo.

     Propondría entonces que el segundo paso está relacionado con esa lucha, quizás ideológica, de escapar a los modelos antiguos, impulsar un pensamiento fresco y sobretodo, pavimentar nuevos caminos para decirle a la eternidad lo que significa ser humano. Poe, por ejemplo, promovió una revolución social a través de sus escritos, que redefinió el papel del narrador contemporáneo en América y, eventualmente, el mundo. A pesar de todo, fue más allá: se atrevió a analizar en su cuentística el lado oscuro de la mente humana; algo que hace de manera brutal y sin pedir excusas. Poe no esperó que su sociedad cambiara hasta el punto de aceptar los delicados temas que se proponía tratar; en cambio, obligó a ésta a reconsiderar sus posiciones y enfrentar la realidad de que la humanidad es imperfecta; todo esto por encima de cualquier reprimenda que pudiera recibir. Es el caso también de Sade, quien por otro lado pasó en prisión la mayor parte de su vida. El libertinaje del Marqués fue legendario, de eso no cabe duda. Lo predicó hasta morir, y nunca desistió de su intento por liberar el placer de aquellas oxidadas cadenas imaginarias de la integridad, que ataban al pueblo francés únicamente en apariencia a una falsa decencia. Y, ¿no sería Oscar Wilde otra víctima de la represiva colectividad de sus contemporáneos, que tampoco pudieron apreciar la complejidad estética de una prosa que acarreaba consigo un reto a los estándares establecidos? Escritores como él, actúan como un espejo. Muchas veces los seres humanos no soportan lo que en ellos ven reflejados; la ironía es que eso que condenan, no es más que aquello que practican a puertas y cortinas cerradas.
    

[…] “Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo. 
Aún sigue posado, aún sigue posado 
en el pálido busto de Palas 
en el dintel de la puerta de mi cuarto. 
Y sus ojos tienen la apariencia 
de los de un demonio que está soñando. 
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama 
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma, 
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, 
no podrá liberarse. ¡Nunca más!”

Edgar Allan Poe


     En el poema de “El cuervo” Poe narra en primera persona, efectivamente capturando la esencia de lo que sucedió con su carrera literaria, y la de las otras dos almas en pena que menciono en este ensayo. Su alma flota sobre el suelo, y no podrá liberarse.  No lo hará porque se le ha impedido. La cacería de brujas ejercida contra estos grandes literatos queda representada magistralmente por la siniestra figura del cuervo, siempre observando, juzgando, como un demonio que está soñando.  Estos escritores han sufrido por conseguir el martirio necesario para que otros como yo, hoy en día podamos seguir trabajando para enriquecer un universo artístico humano, libre de cualquier censura e innecesario impedimento; una transparencia total de lo bueno y lo malo, o lo que no es uno ni otro; esa área grisácea que muchas veces lanza por la borda cualquier ética.

     Algo muy peculiar que es necesario sacar a relucir, es que tanto Edgar Allan Poe, como Oscar Wilde y el Marqués de Sade, fueron perjudicados por la difamación; obviamente un intento en vano de desacreditación con la finalidad de no tener que afrontar los poderosos argumentos presentados como resultado de una inmadurez intelectual y un estudio crítico de lo que por mucho tiempo se negaba como parte de la condición humana: lo feo, horrible, deplorable, lujurioso; para preservar el pensamiento arcaico, los detractores recurren a una falacia del hombre de paja, cuyo único propósito es ridiculizar las premisas propuestas sin considerar su veracidad. Se trata de un mecanismo de defensa, efectivo ad populum. La fraudulenta noción moralizante, bandera que agitan las multitudes como símbolo inherente del hombre, es un arma que solo funciona en las manos de los grupos; grupos con agendas sociales, políticas, económicas.

     Si es cierto que pecaron, ¿cuál fue el gran delito? Creo que mejor sería considerar los resultados: avances invaluables para la literatura, el pensamiento, y la cultura; una tradición imaginativa y de libre expresión que ha fundamentado el arte por más de doscientos años. Hoy en día los escritores se enfrentan a los mismos problemas: censura, difamación, rechazos, e incluso aún en algunos países como China o territorios del Medio Oriente, cárcel y hasta la pena de muerte. Mientras haya vida, y existan personas con un nuevo juicio que ose desafiar los criterios clásicos, otros buscarán apagar esa estrella que anhela brillar en la oscuridad, y lo lograrán. No obstante, al final lo único que importa es que brilló.

 

Peter Domínguez es un escritor de ciencia ficción y fantasía oscura radicado en la República Dominicana. Publica regularmente en la revista bimensual miNatura, y ha sido colaborador por varios años en el Blogzine Zothique The Last Continent. Actualmente estudia Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).