Cuento corto: Por un puñado de perpetuidad

Cuando salí del auto, el vampiro todavía amenazaba con morder a la niña o lanzarla desde el cuarto piso del hospital Saint Barrens. Otro maniático más en Hereafter Central. Mi compañero, el autómata veintisiete, analizaba la situación con frigidez; aquellos engranajes que constituían la locomoción de su cerebro aumentaron dramáticamente la infinita rotación: giros acelerados para procesar con mayor celeridad cualquier situación por encima de límites humanos. En menos de un minuto me propuso cuatro formas diferentes de salvar al rehén, neutralizando al captor. Opté por un escenario donde pudiera rescatar a ambos. Soy un insensato.

Cuento corto: El espejo de la gitana

No soy una vampiresa me dije mientras secaba la sangre de mi boca con el lienzo encarnado de mi madre. No había forma de que pudiera serlo. Mis dedos habían tocado mis aburridos y normales colmillos; apretaron también cualquier crucifijo, y se lavaron con el agua más pura y bendita que la Catedral de Sevilla pudiera ofrecer. Sin embargo, allí estaba nuevamente frente al cadáver desangrado de otra de mis víctimas. Cuando el frenesí tomaba control sobre mis facultades, necesitaba rociar mi rostro con el líquido escarlata y satisfacer la necesidad primitiva de alimentación. El sabor espeso a hierro en mi paladar era la sensación más maravillosa e íntima que podía tener con los esclavos, sí; soldados del inframundo que me adorarían …

Cuento corto: La profana comedia

Originalmente publicado para miNatura 133.

Metusael caminaba por las paredes de la casa hacia la ventana exterior en el segundo piso del sosegado dormitorio cubierto en las penumbras de la noche. Allí estaba ella, dormida profundamente. El hijo de Judas estaba abrumado por el pesado agujero negro que arrastraba en el pecho. ¿A cuántas personas más debía darles un beso mortífero para prolongar la menesterosa existencia, sucumbiendo así ante la amargada aflicción de su maldición? Condenado entre los caminantes nocturnos, rechazado por los demás hermanos y abandonado al óxido existencial: lenta fragmentación del deseo por vivir como parásito, soportando el frío eterno de la tumba durante las noches más cálidas de verano.