Reseña: Transformers (2007)

    Recuerdo que en algún momento durante el transcurso del filme, empecé a preguntarme si en verdad valía la pena terminar de ver lo que restaba. Me encontraba en un estado de disociación emocional, producido por la falta de sensibilidad cinematográfica que estaba presenciando, puesto que obviaba completamente la creación de personajes identificables, interacciones significativas entre los mismos y una trama justificada por al menos el más mínimo deseo de contar una historia. Básicamente, me encontraba frente a una sinfonía de secuencias de acción separadas en su totalidad de cualquier mérito artístico por decisión propia de sus creadores.

     Transformers es un caso muy peculiar: creo que es una prueba contundente de que el género de explotación aún vive en el cine moderno. Me refiero al tipo de explotación cruda y sin encanto, aquella que trata de apelar a nuestra naturaleza más primitiva con el único objetivo de poder obtener beneficio económico a cuesta de aquellos que prefieren las emociones fuertes e inmediatas a ser estimulados intelectualmente y obtener algo útil a cambio, a parte de unas cuantas horas de diversión barata; el director de la franquicia, Michael Bay, parece entender a perfección su audiencia, y ha construido metódicamente una película que le permite establecer una base lo suficientemente fuerte para financiar sus esfuerzos y garantizar ganancias.

     La fórmula está bastante clara, en mi opinión. Consiste en tomar una propiedad intelectual (en este caso, Transformers) que ya cuente con una fanaticada considerable, y luego proceder a adornarla con escenas de acción lo más cargadas posible, distrayendo al espectador, evitando así la necesidad de que éste tenga que pensar mucho; debe asegurarse entonces que las peleas culminen en explosiones o actos de destrucción masiva que tapen la falta de creatividad y ayuden a recortar minutos que de otra manera debían ser llenados con trama en el guión. Y por último, no pueden faltar mujeres voluptuosas cuyo único rol es terminar de atrapar la atención del varón puberto en desarrollo que también estará pagando una boleta por ver a Megan Fox rociarse agua en el cuerpo. A parte de esto, también está el asunto de que es un vehículo comercial para las diferentes marcas de automóviles, ya que los robots se convierten en ellos. Prácticamente nos mete por la garganta lo "geniales" que son, como un largo comercial para un concesionario de Chevrolet o algo así.

    Para esta reseña, planeaba discutir la trama  y los personajes, pero… ¿vale la pena? El diálogo no es más que una excusa para lanzar chistes mediocres o dirigir la atención de la audiencia de una explosión a la siguiente. Transformers no es una mala película porque es un tanto descerebrada y enfocada en atraer únicamente con sus efectos especiales, acción y sexualidad; lo es porque fue conceptualizada para ser una máquina exprimidora de dinero, un molde que puede utilizarse para cocinar multiples secuelas cada año hasta que no quede un centavo más que extirpar de los que todavía están pagando una entrada por ver a robots gigantes azotarse sin realmente tener una buena razón para hacerlo.

Puntuación: 1.5/5
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Peter Domínguez es un escritor de ciencia ficción y fantasía oscura radicado en la República Dominicana. Publica regularmente en la revista bimensual miNatura, y ha sido colaborador por varios años en el Blogzine Zothique The Last Continent. Actualmente estudia Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).



  • domenico jr. chiarelli

    realmente es verdad todo lo k dices y estoy de acuerdo, las demas k han salido no han sido mas k disparates y algunas tienen escenas reusadas encima de todo, y encima en transformers 3 hay racismo, en el cual a algunos robots los ponen a hablar en jergas de negros estadounidenses y cosas asi, es como dices es una trama sin sentido disfrazado con muchos efectos especiales y efectos cgi