Reseña: Nosferatu Phantom der Nacht (1979)

Conde Drácula: La muerte no es lo peor.. Hay cosas más horribles que la muerte.

     En algunos momentos, Nosferatu parece un proyecto de arte más que un filme en sí. Y no me refiero a que esto es una debilidad, sino todo lo contrario: la cinematografía es uno de los mejores aspectos con los que cuenta. Werner Herzog y Jörg Schmidt-Reitwein, nos ofrecen largas tomas de la naturaleza que se arrastran incómodamente de la noche al día, o de la luz a la oscuridad. El manejo de la iluminación es excepcional, infundiendo efectivamente el aura deseada según cada escena lo requiera. Cuando Harker atraviesa un túnel o el Conde los largos pasillos de su castillo, las sombras envuelven apropiadamente a los personajes como la paranoia empieza a arropar a la audiencia. El día en esta producción es tan importante como la noche y, a pesar de las vampíricas reglas que gobiernan a Drácula, Herzog no teme mostrar iluminada el rostro de su criatura en una que otra ocasión. Mientras el sol está afuera Jonathan Harker es nuestro protagonista, y a través de su diario registra las cosas que suceden en la misteriosa residencia del no muerto. Cuando la luna resplandece, y los criaturas de la noche llaman a su amo, Drácula se apodera de toda atención estelar.

     Klaus Kinski es perfecto para el rol del rey de los vampiros. Por supuesto, esta versión de Nosferatu es una actualización del clásico de 1922 de F. W. Murnau; en ese respecto, se requiere de Kinski que simultáneamente pague sus respetos a la actuación original de Max Schreck como el Conde Orlok, y que también otorgue al papel su propio toque de originalidad como intérprete. Y lo logra. El maquillaje recrea fielmente la apariencia de Orlok en Drácula, gracias a los esfuerzos de la artista japonesa Reiko Kruk. Aunque me gusta el pequeño tributo en la apariencia del vampiro, y comprendo la admiración de Herzog por el filme original, me hubiese gustado ver una interpretación moderna que fuera fiel a la naturaleza del original, en lugar de una imitación. Que Kinski haya hecho el rol tan creíble como resultó es algo ciertamente afortunado, porque aún todo su calibre de actuación no es suficiente para disfrazar completamente lo extrambótico que resulta la apariencia del conde para las cámaras de 1979. En las manos de otro es probable que no funcionara. Lo interesante es que, logra darle al personaje una dimensión que no es nueva, pero la manera en que lo hace es refrescante: su representación de Drácula es la tragedia de un ser gastado, hastiado de la inmortalidad y condenado a una vida infinita de soledad.

     No siento que es necesario discutir la trama a profundidad. En el año en que se estrenó esta adaptación, la historia de Bram Stoker se había contado decenas de veces en el cine, y ni pensar a cuánto va la cuenta para este año. Sí discutiré algunos paralelos y diferencias entre el filme de 1922 y éste. En algunas partes, es casi una recreación toma por toma del trabajo de Mirnau, mientras que en otras difiere significantemente. Por ejemplo, algo que no trabaja por completo a beneficio de esta modernización, es la introducción de los gitanos que, se roban un tiempo de la duración y no son explotados a todo su potencial. Aunque vemos atisbos de su idiosincracia, considero que hubiese sido más efectivo si el guión requiriera sumergir a la audiencia de manera más profunda en sus tradiciones y leyendas concernientes a lo sobrenatural, a la figura del Conde y su castillo. Creo que en parte esto se debe a que Nosferatu no pone tanta importancia en los personajes y en la trama para hacer hincapié en la atmósfera. Esto me parece una buena decisión al final de cuentas, si consideramos que nada original salió del guión escrito por el director. Creo que Herzog estaba consciente de que no podría superar en esos departamentos a versiones anteriores como las de Universal, Hammer Horror, e incluso la misma en que estaba basando su trabajo actual. Por ello optó por un experimento visual que da sus frutos gracias a las actuaciones y la cinematografía, con ayuda de los escenarios, vestuarios y maquillaje.

     Los diálogos son bastante sólidos, y a pesar de la falta de originalidad, la trama es competente e interesante, con destellos de grandeza si acaso se hubiesen enfocado en desarrollar la desgracia del vampiro. El final (que no voy a explicar para mantener un poco del suspenso que favorece a la película) me pareció ingenioso y original, un tipo de riesgo que esta adaptación debió tomar más a menudo, pero que al final por lo menos lo hace de vez en cuando. Quizás Herzog se haya perdido un poco tratando de conciliar su producción entre la versión original de Nosferatu, Drácula de Stoker, Drácula de Hollywood y su propia visión artística, pero lo sorprendente es que de todas maneras funciona. Me gusta también como poco a poco el papel de Lucy enterpretado por Isabelle Adjani empieza a ganar fuerza hasta desplazar a Jonathan como protagonista. Al principio parecería que Lucy será otra damisela en peligro encargada de los gritos a solicitud del director, pero su personaje va tomando forma hasta que nos damos cuenta de que es una mujer inteligente, independiente y con mucha fuerza de voluntad.

     Nosferatu: Phantom der Nacht no tiene la fortaleza de Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, ni el excelente guión con el que cuenta Drácula de Tod Browning o el encanto del Drácula hispanoparlante de George Melford. Lo que sí tiene es un Conde torturado y hasta identificable, pues como dice el dicho: la misería ama a la compañía. Con excelentes visuales y una dirección impecable, la atmósfera creada alrededor de este filme es suficiente para producirnos escalofríos y entretenernos, todo lo cual es posible gracias a una propuesta estética llevada a la pantalla grande por la pasión de un hombre. Yo declararía eso como un éxito.

Puntuación: 4/5
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Peter Domínguez es un escritor de ciencia ficción y fantasía oscura radicado en la República Dominicana. Publica regularmente en la revista bimensual miNatura, y ha sido colaborador por varios años en el Blogzine Zothique The Last Continent. Actualmente estudia Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).