Reseña: Mad Max (1979)

     Mad Max inicia con una persecución a alta velocidad por una autopista en el desierto australiano. Un pandillero perteneciente a una banda de motociclistas escapa de la ley luego de haber asesinado a un novato de la MFP (Main Force Patrol), que es una especie de policía ciudadana dedicada a combatir el crimen organizado. George Miller, el director del filme y quién también colaboró en el guión, no decidió empezar la película con esta secuencia por casualidad: sirve perfectamente de entrada para lo que nos espera en esta sociedad distópica que trae a la mesa un concepto refrescante e inovador en lo que respecta a los trabajos de ciencia ficción centrados en hacer comentarios sociales.

     Aunque es considerada por muchos un thriller de venganza, tema muy común en el cine de explotación de los años setenta, creo que se opone totalmente a la estructura tradicional del mismo. Esto resulta en una obra artística que pudo romper sus propios esquemas. Menos de veinte minutos de los noventa y tres que tiene de duración son dedicados a su sed de venganza, oponiéndose a la norma en esta tendencia cinemática de dedicar cada instante a los actos de represalia que el protagonista lleva a cabo contra sus agresores por el mal causado; en lugar de ello, se nos permite conocer más sobre la caótica, pero relativamente funcional comunidad a la que pertenece Max Rockatansky (Mel Gibson), un endurecido policía de la MFP obsesionado con mantener limpias las carreteras de las pandillas motorizadas. A pesar de su peligroso trabajo, éste es feliz junto a su esposa Jessie (Joanne Samuel) y su hijo recien nacido.

     El desorden que presenta esta visión del futuro es resultado de una escasez de combustible y otros recursos indispensables, lo que motiva a la mayoría de la población a abandonar las grandes civilizaciones y buscar refugio en pequeños asentamientos resguardados por los oficiales de las autopistas. Por otro lado, los criminales carroñeros deambulan por las mismas causando estragos, violentando a quienes se encuentran por delante para su propio beneficio y entretenimiento, aprovechándose del estado  vulnerable en que se encuentran la mayoría de estos asentamientos por causa de la anarquía que prevalece en los mismos. Hugh Keays-Byrne actúa como el líder de la pandilla "Los acólitos", simplemente conocido como "Cortadededos". Realiza un trabajo espectacular trayendo consigo una energía increíble que se transfiere muy bien a su personaje, particularmente en las escenas en que debe verse intimidante; no negaré que llega a sobreactuar frecuentemente, pero sus inflexiones y expresiones faciales le quedan como anillo al dedo a ese rol de sociópata egomaníaco que el guión requiere.

    Gibson nos ofrece una actuación calmada con una presencia bastante creíble. Sólo ver sus expresiones es suficiente para convencernos que estamos viendo a un hombre endurecido por años de violencia en las carreteras. Parte de su dilema moral es que teme que el vigilantismo de la MFP lo convierta a él en un pandillero más, o que simplemente termine siendo consumido por su decadente profesión.

    La cinematografía es casi como un actor propio en la cinta; veo en ella algunos trazos de Stanley Kubrick, lo que le da a la cámara mucho que decir con los diferentes ángulos empleados en determinadas secuencias. Una de las mejores cualidades que tiene la producción de Mad Max, son sus escenas de persecución con automóviles: cargadas de adrenalina y acción, sin interferir demasiado con la trama principal. El final de la película provee un desenlace que rivaliza la visión nihilista de Roman Polanski en Chinatown (1974), algo que me llevaría a especular si en realidad Miller incorporó intencionalmente esos elementos o no; pero sin lugar a dudas, lo que convierte de manera definitiva a este filme en una pieza de arte es el momento en que Max comprende que ya era demasiado tarde para prevenir lo inevitable: ahora sin nada que perder, sólo le queda cumplir con su destino en aquellas largas y peligrosas autopistas que le consumieron hace mucho tiempo…

Puntuación: 4.5/5
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Peter Domínguez es un escritor de ciencia ficción y fantasía oscura radicado en la República Dominicana. Publica regularmente en la revista bimensual miNatura, y ha sido colaborador por varios años en el Blogzine Zothique The Last Continent. Actualmente estudia Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).