Reseña: Ender’s Game (2013)

Advertencia: la siguiente reseña contiene detalles sobre el argumento y puede ser considerado como spoiler para los que no han visto aún esta película.

Coronel Hyrum Graff: Ganamos. Es lo único que importa.
Ender Wiggin: No. La forma en la que ganamos importa.

     El caso de Ender's Game (El juego de Ender) es un poco trágico. En algún lugar de los 114 minutos de duración que posee el filme, se esconde una buena película; lamentablemente, ésta se ve enterrada por una historia sobrecargada y desviada frecuentemente en innecesarias tangentes. A pesar de que existen en ella buenas ideas de ciencia ficción, en muchos aspectos se queda corta, particularmente el atroz desarrollo de personajes, algo en lo que Gavin Hood falló al realizar el guión.

     La historia trata de que cincuenta años atrás la raza humana fue invadida por una especie alienígena similar a las hormigas, los insectores, y que un valiente piloto sacrificó su vida para destruirlos casi por completo. Ahora los sobrevivientes temen que sus enemigos regresen con mayor fuerza para cobrar venganza y que su único objetivo sea exterminar a la humanidad. Están tan desesperados por encontrar un prodigio que permitan el reclutamiento de niños superdotados para liderar fuerzas militares, llegando los pequeños a obtener rangos como comandancias si es necesario (y si demuestran estar capacitados) con tal de avanzar la causa de una agresiva campaña que es encabezada por el coronel Hyrum Graff (Harrison Ford). Todo gira alrededor de Ender, y su constante lucha por ingresar al codiciado programa para demostrar que es alguien con una habilidad inigualable a la hora de enfrentarse a la amenza de los insectores

    Asa Butterfield hace un trabajo bastante competente como Andrew "Ender" Wiggin, hijo tercero de una familia con tradición militar y a la tarea de llegar a ser el primero de ellos en tener éxito, ya que antes de él, sus dos hermanos (y hasta su padre) fracasaron en el intento. Aquí es donde los problemas en la narrativa empiezan a surgir. Esta película tiene una seria crisis de identidad: no sabe si quiere dirigirse hacia una audiencia adulta, adolescente o ambas; gracias a ello, el filme está siempre un paso por encima de lo que se espera para el público juvenil, pero nunca lo suficiente como para satisfacer a los espectadores más maduros. Por ejemplo, durante todo el transcurso se nos presenta una realidad cuya crudeza no es tan significante para impresionar a un adulto, pero que al adolescente podría parecer un tanto oscura y depresiva. En cierto punto, el sargento Dap (Nonso Anozie) amenza a los estudiantes que se atrevan a entrar a la ducha del sexo opuesto con "castrarlos", una línea de dialogo un tanto severa si consideramos que ellos sólo son muchachos, la mayoría de menos de quince años.

     La deficiencia en el desarrollo de los personajes es un desperfecto que se hace sentir con más fuerza durante la primera hora, y será bastante difícil para la audiencia poder identificarse con la lucha de Ender cuando éste convive con muchos personajes que tienen personalidades turbulentas sin razón alguna, simplemente para servir a la trama y hacer el viaje espiritual del protagonista más tumultuoso.

     Por otro lado, el diálogo tiene ciertos aspectos cuestionables más de una vez en el filme: hay un momento en que Wiggin es enviado en un transbordador a una estación espacial dedicada a entrenar pequeños soldados. Allí conoce a uno que, al escuchar el nombre de Ender, se burla por lo ridículo que le parece. Ese chico bromista se llama Bean (Frijol). Más adelante, cuando Ender es asignado a un escuadrón de combate que lleva por nombre SalamandraBonzo (Moisés Arias), el comandante a cargo de la unidad, demuestra su descontento exclamando que le enviaron un niño pequeño y demacrado a su escuadra, a pesar de que Bonzo parece un enano a su lado y es igual o más delgado.

     En el caso de la ciencia ficción militar, resulta complicado muchas veces hacer historias interesantes que no las hayan contado mil veces. La originalidad está presente en algunas partes, pero en otras siento como si hubiesen remendado las premisas de Mass Effect e Independence Day (y esto último no es nada bueno). Creo que el inconveniente principal surge de lo ineficiente que es el alto mando de este ejército. Por ejemplo: imponen una carga sobre los hombros del protagonista sin ofrecer ningún apoyo moral o justificación al explotar a un menor de edad para su beneficio; realizan experimentos innecesarios que no conducen a nada, así como muchos de sus ejercicios de combate resultan en lo mismo; ejecutan una medida contraproductiva al recordarles a los soldados que están en competencia y que no deben confiar el uno del otro, algo que va en contra de la naturaleza misma del trabajo en equipo.

     Sin embargo, no todo en la película es un fallo. Como ya mencioné anteriormente, la interpretación de Ender por parte de Butterfield es sólida y complementa muy bien a Harrison Ford como el antagonista del filme. Para la segunda mitad, todo empieza a encontrar su rango de una manera u otra. Las escenas de acción (que son impresionantes) finalmente van llenando los vacíos argumentales, inclusive atándose efectivamente en una telaraña narrativa que se rehusaba a tomar forma durante la primera parte. También existen momentos genuinos de drama, particularmente entre Ender y su hermana Valentine Wiggin (Abigail Breslin), al igual que entre los oficiales superiores GraffGwen Anderson.

    El final dejó un poco de mal sabor en mi boca. No fue terrible sino cuestionable, como muchas otras de las decisiones que fueron llevadas a cabo en esta adaptación, pidiendo a gritos una mayor clarificación. Lo sentí apresurado, como si buscaron aglutinar cada posible detalle que pudiesen encontrar en una necesidad de sobrecompensar el cierre del filme por miedo a parecer débil o incompleto, algo que exige demasiado de parte la audiencia en lo que respecta a credibilidad. ¿Debemos aceptar esta explicación sin cuestionar que sale de la nada y no parece encajar con el resto de la trama? No lo creo. A pesar de todo, un aspecto que ayuda a la película a redimirse un poco es que la revelación final es, sorprendentemente, una buena idea de ciencia-ficción. Veo a Ender's Game como un ejemplo del bagaje que algunos títulos del género arrastran consigo: una superflua búsqueda de producir una película pretensiosamente existencialista e innovadora.

Puntuación: 2.5/5
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Peter Domínguez es un escritor de ciencia ficción y fantasía oscura radicado en la República Dominicana. Publica regularmente en la revista bimensual miNatura, y ha sido colaborador por varios años en el Blogzine Zothique The Last Continent. Actualmente estudia Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).