Horror Universal #5: Frankenstein (1931)

¡Ahora sé lo que se siente ser Dios!

      El año 1931 resulta ser uno icónico para Universal Studios, ya que dio fruto a dos de sus más grandes creaciones: Dracula y Frankestein. Si Todd Browning estableció la mayoría de los arquetipos del vampiro, lo mismo puede decirse sobre James Whale y la fórmula cinematográfica del científico loco. Debo admitir que no me agrada mucho este término, y que prefiero llamarle científico obsesionado, pues me parece mucho más afín con la categoría antes mencionada. Y es que de eso se trata Frankenstein; es, simplemente, la historia de un hombre obsesionado con alcanzar el mayor logro científico posible: el poder de otorgar vida. Es un concepto muy maduro, y con mucho peso filosófico; el filme procura que tal funesta proposición sea el enfoque de la historia, al igual que las consecuencias de jugar al papel de dios.

     El libreto nos llega de mano de cuatro escritores: Francis Edward Faragoh, Garrett Fort, Robert Florey y John Russell, quienes adaptaron la obra teatral de Peggy Webling basada en la novela de Mary Shelley. Este guion es bastante complejo, aunque no es perfecto. Aprecio las consideraciones existencialistas que implica, aunque cuestiono algunas cosas que presenta, como el hecho de que el monstruo se le permita tanta libertad a pesar de que sus creadores conocen de antemano el potencial peligro que representa. El final es un tanto anticlimático, en el que la criatura tiene su final ante una turba que lo acorrala en un molino y decide incendiarlo vivo como castigo por accidentalmente ahogar a una niña en un estanque. Hubiese querido un poco más de exploración del personaje, como lo presentan fantásticamente el primer y segundo acto antes del climax. Pero lo que funciona, lo hace muy bien; el monstruo creado por el doctor es una figura trágica cuyo sufrimiento es una consecuencia de la arrogancia del hombre. Su existencia en sí misma es ya una desdicha, pero el hecho de que sea en el fondo una criatura inocente que se siente bajo ataque y solo busca defenderse es una agonía con la que la audiencia se puede identificar. El dolor de este ser incomprendido no es diferente del que enfrentaría cualquier otro animal que fuese expuesto a los brutales castigos a los que éste es sometido por Fritz, el macabro asistente del Doctor Frankestein interpretado por Dwight Frye, quien anteriormente tuvo el papel de Renfield en Dracula, papel que resulta bastante similar al que lleva acabo para Frankestein. Frye es un actor de mucho talento y bastante versatil; aunque su presencia es corta, se hace sentir su conocida locura que puede convocar en personajes como Renfield y Fritz.

     Aunque casi toda la atención recae en Boris Karloff como el monstruo, no puedo dejar fuera al excelente Doctor Frankenstein de Colin Clive, cuya actuación se convertiría en toda una mitología detrás de las películas que involucrasen un científico obsesionado con su creación. Clive retrata a un Frankestein que parece casi perder la razón completamente cuando habla de su experimento, como si nada más importase y toda moral deba ser lanzada por la borda con tal de completarlo a toda costa. Por supuesto, Karloff nos ofrece a un monstruo que es atemorizante e imponente, pero a la vez curiosamente inocente y victimizado. El maquillaje que le permite traer la criatura de Frankestein a la vida es simplemente impresionante, y su imagen se establecería como una de las más reconocibles en todo el transcurso del horror por la historia del cine. Edward Van Sloan interpreta al Doctor Waldman, que desea ser la voz de la razón y advertir de los peligros que enfrenta Henry Frankenstein al crear a su monstruo. Van Sloan juega un papel similar al de Van Helsing que interpretó en Dracula, sirviendo de guardián y protector, al igual que mentor del protagonista, aunque al final se suma a su experimento. La cinematografía de Arthur Edeson complementa magistralmente la dirección de Whale, que nos muestran preciosos escenarios rurales, y un laboratorio que definiría por décadas el aspecto que tendría la guarida del típico "científico loco". Bernhard Kaun nos ofrece una banda sonora descriptiva, aunque quizás un tanto deficiente con relación a entradas anteriores de Universal. Con una atmósfera oscura, personajes memorables y un guión interesante con aspiraciones filosóficas que rayan en existencialistas, Frankestein es digno de ser llamado un clásico.

Puntuación: 4/5
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Peter Domínguez es un escritor de ciencia ficción y fantasía oscura radicado en la República Dominicana. Publica regularmente en la revista bimensual miNatura, y ha sido colaborador por varios años en el Blogzine Zothique The Last Continent. Actualmente estudia Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).