Horror Universal #2: The Phantom of the Opera (1925)

Si soy el fantasma, es porque el odio del hombre me ha obligado a serlo.

     De principio a fin, The Phantom of the Opera mantiene un tono surrealista que lo hace parecer un sueño —o una pesadilla, dependiendo la perspectiva—; Lon Chaney, Sr. regresa como protagonista bajo la dirección de Rupert Julian con un guion basado en la novela de Gastón Leroux, y que necesito de ocho guionistas para ser adaptada a la pantalla grande. Chaney trae una increíble energía al papel del fantasma que lo empapa de tragedia, romance, sufrimiento, y sobre todo, una presencia intimidante que lo hace ser un excelente villano. Al igual que en su filme anterior, The Hunchback of Notre Dame, el actor preparó su propio maquillaje para dar vida a la icónica criatura que es considerada como el primero de los monstruos de Universal.

     La escenografía en esta película es magistral. Evoca un poco del expresionismo alemán, pero manteniendo un elemento gótico tradicional; los sets que fueron construídos para esta filmación son increíbles obras de arte que elevan los elementos visuales del filme a niveles no vistos antes en el cine durante esa década. Lo que la separa de las demás no es nada menos que su atmósfera, hazaña lograda por la excelencia cinematografía del trío conformado por Milton Bridenbecker, Virgil Miller y Charles Van Enger. Vemos varias tomas donde podemos apreciar el teatro de la ópera y sus salones como si se tratara de una pintura que es exhibida cuadro por cuadro ante nuestros ojos. Por supuesto, cada salón es un deleite a los ojos, e incluso los reconditos siniestros y oscuros que yacen en el fondo del lugar son impresionantes y detallados, con una apariencia que favorece la experiencia visual extensa del filme.

     La inmortal diva Mary Philbin interpreta el papel de Christine Daaé, el amor imposible del fantasma. Esta pareja demuestra mucha química ante las cámaras, y es casi imposible no sentir lástima por el fantasma. Más que alguien inherentemente malo, es un alma torturada por una tragedia del pasado que lo ha convertido literal y metafóricamente, en un monstruo. Pero a diferencia de Cuasimodo, el fantasma no ha aceptado su destino y busca redimirse mediante el amor de Christine, que intenta conseguir a la fuerza. Chaney logra canalizar la obsesión del personaje con pasión y compromiso, mostrando su agonía; su miseria lo lleva cada vez más al borde de la locura, a tal punto de que abandona toda racionalidad para entregarse a un amor que trágicamente, sólo existe en la pasión y el deseo que el alberga, pero no es retribuido. El fantasma pierde cada vez más su sanidad con lo que considera como el rechazo y la traición de su amada, que para el representa su salvación. Philbin hace un buen trabajo interpretando a una joven inocente, ambiciosa y que se deja seducir por las promesas de fama y gloria que le propone el fantasma. Por otro lado, Arthur Edmund Carewe interpreta a Leroux como una figura siniestra que al principio nos hace pensar se trata del espectro del que todos hablan espanta la ópera. En realidad, es un detective que está detrás del rastro del fantasma desde hace meses, ya que es un paciente escapado de un asilo mental para criminales. Sus manerismos son hipnotizantes, y su mirada es espeluznante, otorgando al personaje un aura de misterio que enriquece la atmósfera tétrica que se nos presenta.

     Resulta difícil de creer que un producto tan completo y bien logrado como este haya pasado por un infierno durante su producción, pero The Phantom of the Opera resultó una pesadilla de rodaje para Universal Studios. Tanto así que el mismísimo Carl Laemmle tuvo que dirigir la película en algunas escenas por los extensos conflictos tras bastidores, a pesar de ser productor y no cineasta. Gran parte de lo que garantiza el éxito de esta cinta es la fenomenal banda sonora compuesta por Gustav Hinrichs, cuya proeza musical es indiscutible, y gran parte del ambiente que invoca esta producción. Sin lugar a dudas, un filme que fue pionero en el horror que luego caracterizaría a otras producciones del estudio, esta película no puede ser catalogada como menos que un clásico entre clásicos, y una de las entradas más importantes en el cine hacia su madurez actual. El clímax, por ejemplo, tiene poco que envidiarle a las películas de suspenso de hoy en día. Un magnífico guion, una impecable dirección, y actuaciones icónicas, cimientan este esfuerzo del séptimo arte en un monumento a la grandeza de sí mismo.

Puntuación 5/5
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Peter Domínguez es un escritor de ciencia ficción y fantasía oscura radicado en la República Dominicana. Publica regularmente en la revista bimensual miNatura, y ha sido colaborador por varios años en el Blogzine Zothique The Last Continent. Actualmente estudia Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).