Horror Universal #1: The Hunchback of Notre Dame (1923)

Rápido corren las arenas de la vida, excepto en la hora del dolor.

     Nuestra señora de París, la aclamada novela de Victor Hugo, es una de las obras más importantes del Romaticismo como movimiento literario. No es una coincidencia que uno de los proyectos más ambiciosos del cine para la década de los veinte a principio de siglo, resultara ser una adaptación a la pantalla grande de un clásico universal que ayudó a cimentar la reputación de Hugo.De la misma manera, Wallace Worsley toma las riendas como director buscando demostrar que su apuesta por lograr un filme épico silencioso con un alto presupuesto no es una locura, sino el precursor que pavimentará el camino para la megaproducciones hollywoodenses de hoy en día. Con el apoyo del inmortal Carl Laemmle, considerado por muchos uno de los padres fundadores del cine, Worsley no reparó en gastos y se embarcó en una estrambótica aventura para producir un filme que no tuvo nada que envidiar a las producciones modernas; de acuerdo a los registros en The Film Daily de la época, para poder comunicarse mejor con la enorme cantidad de extras que habían en el set, cambió su altoparlante por un complejo sistema de radio que le costó siete mil dólares, una suma que ajustada a la inflación moderna ronda aproximadamente en los cien mil dólares.

     Sin The Hunchback of Notre Dame, es probable decir que no existiría Universal Studios hoy en día. Al menos no con la popularidad con la cuenta actualmente. En la víspera de ejecutar su plan para crear un universo cinemático titulado Dark Universe que compita con otros titanes como Marvel/Disney y DC/Warner, es obvio que Universal no ha cambiado tanto a través de las décadas. Tomó un riesgo para rodar este filme que fue considerado imposible financieramente por muchos antes de que estuviese en las manos del estudio; dicho riesgo pagó con creces al convertirse en el inicio de una revolución cinemática que alzaría a Universal como una de las compañías más importantes en la industria del cine. Este proyecto costó alrededor de un millón de dólares, un récord en gastos durante la era silenciosa de las películas; lo ingenioso es que esta inversión pondría en marcha el fenómeno taquillero que continúa hasta hoy: las megaproducciones que generan tanto interés como dinero, multiplicando con creces cualquier cantidad invertida. Se estima que este filme triplicó la suma original del presupuesto, lo que le permitió a Universal reinventir en más producciones que lograron convertirse en hitos cinematográficos hasta dar nacimiento a la competitiva empresa del cine.

     Lon Chaney, Sr. interpreta el papel de Cuasimodo, y es absolutamente fantástico como tal, ya que logra evocar tanto temeridad como simpatía; el maquillaje que recibió es simplemente espectacular, y ayuda bastante a dar esa característica repulsiva e inhumana que otros parisenses veían en el pobre jorobado. En su esencia, Nuestra señora de París es una historia trágica de un incomprendido que sólo quiere ser aceptado, pero por sus deformaciones es rechazado e humillado. Irónicamente, los verdaderos monstruos son los personajes humanos, que atormentan con crueldad al protagonista por ser diferente. El filme sabe capturar el espíritu del libro con una perfección técnica; es casi como si Victor Hugo mismo hubiese escrito el guion. Por supuesto, este no es el caso, y tal excelente adaptación se la debemos al esfuerzo conjunto de Edward T. Lowe, Jr. y Perley Poore Sheehan. Brandon Hurst trae una energía siniestra como Jehan —que reemplaza a Frollo como antagonista en el filme, a diferencia de la novela—, y su presencia está cargada de locura y obsesión. Por otro lado, Patsy Ruth Miller nos brinda una Esmeralda cuya belleza y nobleza van de la mano, llegando a encariñarse con Cuasimodo de manera sutil y creíble.

     Cabe destacar que la dirección de Wallace Worsley es admirable; sus tomas cuidan resaltar cada detalle de los escenarios que reproducen increíblemente la histórica catedral francesa al igual que sus calles. Worsley logra introducir técnicas avanzadas en su rol como director, incorporando una secuencia de recuerdos, al igual que el uso del simbolismo por el color de los celuloides. También juega con la perspectiva en varias ocasiones, ejecutando tomas muy maduras para la década. Las escenas en las que Cuasimodo se desplaza por las paredes de la catedral, aferrándose a estatuas y grietas, resultan un espectáculo que puede dejar al más exigente modernista de cine boquiabierto. Otro contundente éxito es la corte de los milagros, una bohemia de ladrones y personajes de baja calaña que viven en el inframundo de la ciudad, pero que han desarrollado su propia cultura y principios morales. Ernest Torrence interpreta a Clopin, el lider de los marginados, y su actuación extravagante y lunática cae como anillo al dedo de lo que se esperaría del cabecilla de estos personajes excéntricos. Por supuesto, la banda sonora juega un rol fundamental en dar forma a este filme, que cuenta de unas composiciones diversas que van desde lo jovial a lo macabro y hasta a lo heróico y legendario. Para producir la música y los efectos de sonido, fue necesario emplear a cuatro compositores: Cecil Copping, Carl Edouarde, Hugo Riesenfeld y Heinz Eric Roemheld.

     Gracias a un dedicado elenco, un guion estelar y una dirección que francamente resulta pionera en el filme épico, The Hunchback of Notre Dame resulta un esfuerzo apoteósico en llevar una obra maestra al cine, y como resultado, crear toda una nueva icónica pieza de arte. Con una cinematografía espectacular, trazos de drama, romance y horror, esta película quedará marcada por siempre en los anales de la historia del cine, y como uno de los pilares en su formación.

Puntuación: 4.5/5

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Peter Domínguez es un escritor de ciencia ficción y fantasía oscura radicado en la República Dominicana. Publica regularmente en la revista bimensual miNatura, y ha sido colaborador por varios años en el Blogzine Zothique The Last Continent. Actualmente estudia Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).