Cuento corto: El espejo de la gitana

No soy una vampiresa me dije mientras secaba la sangre de mi boca con el lienzo encarnado de mi madre. No había forma de que pudiera serlo. Mis dedos habían tocado mis aburridos y normales colmillos; apretaron también cualquier crucifijo, y se lavaron con el agua más pura y bendita que la Catedral de Sevilla pudiera ofrecer. Sin embargo, allí estaba nuevamente frente al cadáver desangrado de otra de mis víctimas. Cuando el frenesí tomaba control sobre mis facultades, necesitaba rociar mi rostro con el líquido escarlata y satisfacer la necesidad primitiva de alimentación. El sabor espeso a hierro en mi paladar era la sensación más maravillosa e íntima que podía tener con los esclavos, sí; soldados del inframundo que me adorarían como su reina. La mordida debía convertirlos en peones atados a la voluntad de su ama, pero se negaban a obedecer. Los sacudía, vertiendo esencia en ojos y labios, pero dormían el sueño oscuro y profundo del Hades. Cuando los reclamaban los gusanos, desistía de la fatídica empresa.

      Ego sum occulto in sanguine Christi. La noche no era mi escudo, como decía el mito; fue la luz del día el mayor cómplice de mis delitos. Podía escuchar el latir de las venas de cualquier humano, la sustancia vital fluyendo acaudalada como un río de energía, llamándome. Seduciéndome. Busqué ayuda. Confesé mis pecados y llevé la camisa de fuerza; entre golpizas y violaciones, no tuve otra opción que escapar: vagar por las calles del hombre en busca de una presa. Si lo hice con mis pies, o mis alas, no estoy segura, no estoy segura, no estoy segura…

     Até el cinto de mi vestido con el mejor nudo que pude hacer bajo mi debilidad. Revisé mis pociones, conté los hechizos y guardé en una cajita de cristal materiales para el ritual. De repente, tenía a mano un recipiente lleno de pastillas antipsicóticas. La sangre no invoca mi locura; mi locura invoca a la sangre. Nada más difícil que convencer al lunático de que está chiflado. Necesitaba verme antes de dormir. Levanté el espejo de mi madre, y estaba vacío. Dejé caer los medicamentos al suelo.

Peter Domínguez es un escritor de ciencia ficción y fantasía oscura radicado en la República Dominicana. Publica regularmente en la revista bimensual miNatura, y ha sido colaborador por varios años en el Blogzine Zothique The Last Continent. Actualmente estudia Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).